La cultura de los muros

En el marco de una cultura que se ha trivializado, a veces se cree conocer a las personas por lo que dicen en sus cuentas de Twiter o por las declaraciones interesadas y descontextualizadas de los medios, en el caso de figuras  públicas. A menudo ocurre  esto con uno de los más importantes líderes espirituales del mundo actual, uno de los argentinos que, creo, debiera llenarnos de orgullo: el papa Francisco. Fiel seguidora de sus escritos, me ha conmovido su última encíclica Fratelli Tutti, entre otros motivos, porque en la descripción que realiza sobre la realidad social he visto a nuestra provincia retratada. Conceptos estremecedores como la “globalización de la indiferencia” que incrimina a una “cultura del descarte”, tan patente en las calles tucumanas, en la ronda de cartoneros y niños pidiendo que se ha naturalizado como parte del paisaje ciudadano; en términos de Francisco, esta sería “una sociedad analfabeta en el cuidado de los débiles”. La Encíclica recoge cartas enviadas a Francisco por personas y grupos de todo el mundo y tiende una luz roja contra una “cultura de los muros” que favorece la proliferación de mafias, alimentadas por el miedo y la soledad. Esta última expresión retrata  la estructura mafiosa de una sociedad como la nuestra que exacerba el consumo de alcohol en la juventud -visualizado en la multiplicación de las cervecerías- el consumo de drogas que crece de forma desesperante, las casas de juego al orden del día y un individuo a la deriva que no encuentra rumbo; porque los modelos exitistas a seguir propuestos mediáticamente son aquellos que se han enriquecido a costa de las adicciones y vicios de los vulnerables y desesperados. En esta cultura de los muros tendamos puentes para recuperar el rumbo hacia una sociedad fraterna -“fratella tutti”- destruyendo los caminos del miedo y acompañando a los que se sienten solos para que no sean capturados por los sicarios del mal que nos rodean y aprisionan. Como en el antiguo mito de Pandora, los males ya están acá, intentemos que salga el pajarillo verde de la esperanza.

Graciela Jatib

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